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Monday, July 19, 2010

El Orden Natural y la Guerra Total

Cito un comentario de Hank que que recibí no hace mucho:

"Hay muchos ejemplos de lo contrario, de alterar el orden natural para favorecer al hombre que resultan ser perjudiciales para el hombre. Pero no se nos deben caer los anillos por tratar de modificar el orden natural en nuestro provecho. El hombre es la medida de las cosas el standard de lo que es bueno o malo, y no los pingüinos."

En esta frase hay tres elementos que me gustaría comentar:


1. Existe un orden natural el cuál puede modificarse para nuestro provecho.
2. El hombre es la medida de lo que es bueno y malo.
3. Podemos pasar sin los pingüinos.


Hoy comento sobre el primero:

Hablar de "Orden Natural" tiene un cierto eco del "Diseño Inteligente": todo en la naturaleza tiene una utilidad y, como el hombre fue creado por Dios para reinar en la tierra, todo este orden natural sólo existe para sostener al hombre en su privilegiada situación. Nada más lejos de la realidad.

Todo ser vivo (en su búsqueda de alimento, cobijo, lugar donde deponer sus deshechos y estrategias de reproducción) modifica su medio ambiente y, si posible, lo hace para su provecho. ¿O es que alguien se piensa que cuando un castor hace una de sus presas, lo hace con el consenso de todo el ecosistema local y del que está río abajo? 

Paseando una plácida tarde por un bosque, siguiendo el curso de un río, hice notar a mis compañeros el dramático espectáculo que teníamos delante (que yo, para tocar la moral, me pinto solo). A la izquierda, flores azules, a la derecha, flores blancas. En medio, una guerra sin cuartel, feroz y cruenta, desarrollada a un ritmo de tiempo impensable para los seres humanos, en la que esas flores, azules y blancas, intentaban, por todos los métodos a su alcance (estrategias en la dispersión de semillas, densidad y profundidad de sus raíces, estrategias en la absorción de luz solar, absorción de nutrientes y agua del suelo y, lo doy por seguro, emisión de sustancias químicas en el suelo), invadir el terreno de la otra especie de flor.

Lo que parece un orden natural no es nada más y nada menos que una continua guerra total en el que cada segundo que pasa, todas las especies ponen todo su empeño en modificar el medio ambiente a su favor. Y si una de ellas, por lo que sea, se hace dominante durante demasiado tiempo, acaba con todo. Aunque sea en perjuicio propio (caso típico de anoxia por la proliferación de un único tipo de alga en charcos, lagos o lagunas).

¿Por qué nos da la impresión de un "equilibrio natural"? Porque hay tantas especies (y tan pocos individuos de cada especie) que lo que una especie en un nicho ecológico modifica en una dirección, otra especie (en otro nicho ecológico) la puede modificar en dirección contraria. Y si no, el éxito de los castores un año, se traduce en el festín de lobos, osos y otros predadores un par de años más tarde. La guerra no está en tablas. Nunca lo ha estado. Si vuelvo a ese bosque en treinta años (si los promotores urbanísticos lo han permitido, y me acuerdo de dónde era) encontraría una distribución geográfica de flores azules y blancas diferentes de la que vi esa plácida tarde de primavera. Pero no porque compartan graciosamente el territorio.

Como digo, en estas guerras se emiten sustancias químicas y desechos de todo tipo. Con el curso de los millones de años, algunas especies han sobrevivido por ser capaces de aprovecharse de ellas. En una selva tropical, poca fruta podrida (con sus simientes) se ve por los suelos. Se recicla rápidamente. Las bostas en el campo, rezuman de un grado de actividad incomparable con la que se puede observar medio metro más allá. El cadáver de una ballena en un fondo marino arenoso se convierte en un oasis de vida que atrae especies lejanas que no podrían sobrevivir en ese mismo fondo. Las setas se aprovechan del suelo ácido provocado por los pinos.


Pero aquí llegan el señor y la señora humanos y, acompañados de sus perros, se multiplican y modifican el "orden natural". Como todo ser vivo, intentan monopolizar los recursos. Hasta ahí nada que no haya visto antes una biosfera más vieja que Matusalén. Es con la explosión demográfica provocada por la explotación de combustibles fósiles que, en los dos últimos siglos y medio, el impacto humano empieza a tomar los tintes dramáticos de una proliferación de algas o de células cancerígenas. Pero no únicamente por la brutal presión demográfica, sino también por el tipo y la cantidad de sustancias, completamente nuevas, que vertimos al mundo, ya sean debidas a nuestras actividades industrales o a nuestra vida diaria.


Por ejemplo dos líneas de investigación: la concentración de contaminantes en cachalotes y el efecto de la cafeína en el blanqueamiento de los corales


En un proyecto que duró 5 años, con un presupuesto de 5 M$, realizado por la organización Ocean Alliance, se tomaron muestras de la piel de 955 ballenas. Dichos tejidos fueron luego estudiados y analizados por un experto en toxicología marina. Los resultados muestran una elevada concentración de cadmio, aluminio, cromo, plomo, plata, mercurio y titanio en los tejidos de estas criaturas. En los cachalotes, los niveles de mercurio encontrados en la piel han sido de hasta 16 partes por millón. Pescados conocidos por su alto contenido en mercurio, tienen concentraciones del orden de 1 parte por millón. Los Cachalotes, al igual que el ser humano, ocupan la parte alta de la cadena trófica, y absorven los contaminantes y los pasan a la generación siguiente por medio de la gestación y amamantamiento de las crías. En este proceso, las madres se liberan de un cierto porcentaje de las sustancias tóxicas acumuladas a lo largo de su vida y se la pasan a la generación siguiente. A cada generación, la concentración de sustancias tóxicas es más y más elevada.


Roger Payne, presidente de Ocean Alliance, denuncia:


"Cuando trabajas con una sustancia química sintética que nunca antes ha existido en la naturaleza y la encuentras en una ballena que viene del Ártico o el Antártico, te das cuenta que el hombre la fabricó y que le llegó hasta la ballena."


Las sustancias que más sorprendieron. Los niveles de cromo y de aluminio. En las ballenas, los niveles de cromo eran más altos que los niveles necesarios para matar células en el laboratorio.


Las consecuencias para la salud humana ... nadie las conoce. Eso sí, las mujeres embarazadas saben bien que deben abstenerse de comer ciertos pescados. Pero, ¿lo que no es bueno para una mujer embarazada es bueno para el resto de nosotros?


La segunda línea de investigación tiene que ver con un acto tan común como tomarse un café. El promedio de consumo de cafeína es de unos 70 mg/persona/día y hasta un 3% se excreta directamente. Los tratamientos de depuración no pueden eliminar toda la cafeína vertida, la cual se vierte en ríos y mares. La vida promedio de la cafeína es tan elevada que se usa como trazador de las aguas residuales de origen humano. Sólo en el Condado de Orange, cada día se vierten 35 kg de cafeína. El grupo de Kelly Pollack, de la Universidad de California, empezó a investigar los efectos de la cafeína en algas coralinas. Las algas fueron cultivadas en agua marina natural antes de ser tratadas con cafeína por un periodo de 3-5 semanas. En todos los tipos de alga estudiada, la cafeína suprimió el crecimiento de las algas. Uno de los resultados más relevantes es que la presencia de cafeína exacerba los efectos que las altas temperaturas tienen sobre el coral. Así que es probable que la cafeína sea una de las causas, combinada con el aumento de la temperatura, del blanqueo de los corales.


La moral de la historia no es que hay que dejar de tomar café por la mañana. Sino que somos muchos tomando café cada mañana. Y cuando somos tantos, hasta los actos más simples pueden conllevar consecuencias impensables.