Corren malos tiempos también para la exploración espacial. Se espera que este 2010 sea el año en el que finalmente se cancelará el programa de las lanzaderas espaciales de la NASA. Operacionales desde 1982, dejarán de volar tras 134 vuelos. La historia lo dirá, pero hoy se considera este programa como un fracaso: 1) pocos vuelos (en su diseño se presumía que el sistema permitiría 55 misiones anuales, aunque en la práctica no más de 9 lanzamientos al año han sido realizados); 2) excesivamente costoso (los trabajos de mantenimiento tras cada vuelo son muchísimo mayores de lo que se presuponía); 3) poco seguro (antes del desastre de la Challenger, las estimaciones teóricas de la NASA eran de un accidente cada 100.000 vuelos. Nada que ver con los dos trágicos desastres en 134 vuelos). En un ejercicio de excesiva autocrítica, el director de la NASA, Michael D. Griffin, dijo en 2007:
"Si hubiéramos continuado con el programa Saturno en lugar de cancelarlo por el programa de las lanzaderas, hoy estaríamos en Marte y habríamos acumulado décadas de experiencia en misiones de larga duración tanto en órbitas terrestres como en exploración lunar."
Digo excesiva, porque los rusos han seguido con el mismo sistema que en los años 60 y tampoco han ido mucho más lejos.
Sigamos: Así, que si los yanquis cancelan el programa de las lanzaderas, ¿es que ya tienen un sustituto? Sorprendentemente no. Con años de retraso, en el 2005 NASA empezó a desarrollar el proyecto Constellation, que incluye dos diseños de cohetes: el ARES-I (para personas) y el ARES-V (para carga). En enero del 2008 detectan un muy serio problema de diseño en ARES-I (gravedad 4 en una escala de 5). A finales de 2009 se estimó que el primer vuelo tripulado de ARES-I no será hasta el 2017-2019. En febrero de 2010 el presidente Obama presenta una propuesta para cancelar la totalidad del programa, aunque luego lo modifica para proponer únicamente la cancelación de ARES-I y propone que NASA debería contratar empresas privadas para enviar astronautas a la estación internacional espacial. En su justificación, Obama hace notar que:
"el envío de astronautas a la estación internacional no supone ningún avance tecnológico"
Y aquí está el quid de la cuestión porque ¿Para qué sirve la exploración espacial? Aparte de (que tampoco es poco) revolucionar las telecomunicaciones, permitir mejoras en las predicciones meteorológicas, y permitir lanzar un misil (e impactar) contra un coche que circule por la carretera más remota del planeta, la exploración espacial ha sido utilizada principalmente como motor de innovación tecnológica. En muchas misiones espaciales, se ha ganado más durante el proceso de construir los instrumentos que con el estudio de los datos con así obtenidos. De todas maneras, en las preocupaciones diarias nuestras poco nos importa si la radiación de fondo no es isotrópica, si la superficie de Titán es de metano líquido, o si Plutón es, o no, un planeta.
En la misma clave cabe interpretar la tozudez de los gobiernos de la Unión Europea en incentivar el coche eléctrico: el objetivo no es el coche en sí mismo, sino las tecnologías que se investiguen para llevarlo a cabo.
Quiero pensar que los gobiernos saben de la inviabilidad del coche eléctrico (puesta de manifiesto por Antonio en dos brillantes análisis: "Cinco poderosas razones por las que el coche eléctrico no llegará nunca" y "El coche eléctrico, un grave error"). Lo malo es que, a diferencia de la exploración espacial, tener o no de un sistema de transporte que no dependa de los combustibles fósiles es de vital importancia para el bienestar cotidiano: no sólo para ir a trabajar a la ciudad si se vive fuera, sino también para que se llenen las estanterías de los supermercados.
Independientemente de la investigación llevada a cabo en el desarrollo del coche eléctrico, los coches que veremos en nuestras calles en el futuro próximo serán más cercanos a un Seat 850 que al estilizado Nissan Leaf. Con esto quiero decir que el coche volverá ser lo que era (un medio de locomoción) en detrimento de lo que es hora (un fin en sí mismo): desaparecerá toda la electrónica, la comodidad, el aire acondicionado, las televisores en los asientos traseros, el maletero grande, etc. para obtener un vehículo más eficiente (al disminuir el peso), con menos averías (menos equipo) y, en definitiva, más barato de comprar y mantener ... durante un tiempo.

